Aprendiendo de las Sufragistas

Lucetta Scaraffia es caracterizada por El País Semanal como “una de las mujeres con más peso en el Vaticano”.

http://www.xlsemanal.com/personajes/20170123/lucetta-scaraffia-vaticano-mujer.html

Es la directora del suplemento femenino de L’Osservatore Romano. Al que pone como objetivo:

“Cada una con nuestros medios velamos por que las mujeres tengan un papel digno y real dentro de la Iglesia.”

Sin embargo, en una entrevista en la revista Vida Nueva, que ésta rescata en Facebook con ocasión del día de la mujer, Scaraffia afirma:

– Yo estoy en contra de la ordenación sacerdotal femenina. Me parece correcto que la Iglesia la rechace, pues está a favor de la igual dignidad, pero en papeles diferentes.

Lucetta Scaraffia me recordó aquella toma de posición de Victoria Kent en el parlamento español, cuando se discutía el voto femenino:

“Se discute en este momento el voto femenino y es significativo que una mujer como yo se levante en la tardee de hoy a decir a la Cámara, sencillamente, que creo que el voto femenino debe aplazarse. Lo dice una mujer que en el momento crítico de decirlo renuncia a un ideal. (…) No es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad para la República. Entiendo que la mujer, para encariñarse con un ideal, necesita algún tiempo de convivencia con el mismo ideal. La mujer no se lanza a las cuestiones que no ve claras y por esto entiendo que son necesarios algunos años de convivencia con la República, y cuando transcurra este tiempo y vea la mujer los frutos de la República en su educación y en la vida de sus hijos, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República. (…) Creo que hoy, señores diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer.”

Afortunadamente, estaba Clara Campoamor: “Comprendo la tortura de espíritu que debe sentir al verse en el trance de negar la capacidad de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.”

Extraído del libro: “La mujer olvidada”, Isaías Lafuente.

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