Cardenal Schönborn propone un Concilio para decidir sobre la ordenación de las mujeres

Noticia en: http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2018/04/07/religion-iglesia-mundo-austria-arzobispo-viena-cardenal-schonborn-propone-concilio-decidir-ordenacion-mujeres-hombres-casados.shtml

El cardenal Christoph Schönborn quiere “un porcentaje más alto de mujeres en roles de liderazgo” en la Iglesia, y por eso propone un Concilio de la Iglesia para decidir sobre su ordenación “como diaconisas, sacerdotes y obispas”. Lo ha hecho en una entrevista publicada el Domingo de Resurrección, en la que también ha afirmado que la cuestión de la ordenación de hombres casados “ciertamente se discutirá” en el Sínodo Pan-Amazónico.

En su conversación con periodistas de los rotativos austriacos Die Presse y Salzburger Nachrichten, el arzobispo de Viena ha opinado, a propósito de la ordenación tanto de las mujeres como de los hombres casados, que las “cuestiones organizativas” en la Iglesia “son importantes”, “y yo creo que hay margen para maniobrar, también un potencial necesario para cambiar”. “Una de las cuestiones claves es el papel de las mujeres en la Iglesia”, ha continuado el purpurado: “allí, hay una necesidad en todas las comunidades religiosas de desarrollarlo”.

Sobre quién en la Iglesia tiene la competencia para llevar a cabo dichos cambios o desarrollos, el cardenal Schönborn ha precisado que “la de la ordenación [de mujeres] es una cuestión que claramente solo puede clarificarla un Concilio. No puede decidir sobre ella un Papa solo. Es una cuestión demasiado grande como para decidir sobre ella desde el escritorio de un Papa”. Y es que, para el purpurado, aunque el Papa Juan Pablo II cerrara la puerta en su momento a que las mujeres se pudieran ordenar, en la Iglesia hay “un principio tradicional, el desarrollo de la doctrina”, cuyo peso se siente especialmente ahora, con el Papa Francisco, y eso de una forma “ilusionante”. Como ejemplo de dicho principio, el purpurado ha recurrido a la decisión del Papa Bergoglio, ya hace año y medio, de poner la fiesta de María Magdalena “en el mismo nivel que las de los apóstoles”. “Uno podría decir que es una cosa pequeña. Pero muestra un cambio de conciencia“, ha recalcado.

“La Iglesia es una comunidad: las decisiones grandes deben hacerse todos juntos”, ha precisado el también editor del Catecismo de la Iglesia, proponiendo en este sentido, y en la línea de su idea de que se convoque un Concilio, “que sigamos recorriendo el camino de la sinodalidad en la Iglesia, que el Papa no deja de promover”.

Confío en que haya un nuevo Concilio, cuándo sea que venga. Juan XXIII reconoció en su época el momento adecuado, cuando nadie más lo esperaba. Confío en el Espíritu Santo”, ha dicho Schönborn. Fe en la tutela divina de la Iglesia que el cardenal espera que se palpe también en el Sínodo Pan-Amazónico planeado para octubre de 2019, en el que la cuestión de la ordenación de los hombres casados “ciertamente se discutirá”.

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El Vaticano veta a Mary McAleese, antigua presidenta de Irlanda

La Santa Sede vetó la participación de la expresidenta irlandesa Mary McAleese en un evento por el Día Internacional de la Mujer que se realiza anualmente en el Vaticano.

McAleese fue invitada por el grupo de mujeres católicas Voces de la Fe (Voices of Faith) a participar el 8 de enero en un panel sobre las mujeres en el gobierno de la Iglesia. En años anteriores el evento se ha realizado en Casina Pío IV, un pequeño palacio en los jardines vaticanos donde se celebran conferencias internacionales.

Voces de la Fe dijo que propuso a una docena de panelistas al cardenal Kevin Farrell, jefe de la oficina de laicos. Dijo que éste rechazó a McAleese y a la activista ugandesa por los derechos LGBT, Ssenfuka Juanita Warry, así como una tercera mujer no identificada. No se dieron razones, dijo Deborah Rose Milavac, miembro de la junta asesora de Voces de la Fe.

La organización decidió realizar la conferencia fuera de territorio Vaticano, en la sede de los Jesuitas.

Asociación Mulleres Cristiás Galegas Exeria – Manifiesto

Publicado en: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2017/03/28/religion-iglesia-espana-asociacion-mulleres-cristias-galegas-exeria-sin-nosotras-mujeres-la-iglesia-no-tiene-futuro-ordenacion-mujeres.shtml

(Asociación Mulleres Cristiás Galegas Exeria).- Al Sr. Arzobispo de Santiago Julián Barrio: Bienquerido hermano en el Señor.

A raíz de las declaraciones realizadas por Christina Moreira en distintos medios de comunicación, en los que declara con valentía y mucho amor apostólico su condición de presbítera, y del posterior Comunicado emitido por el Arzobispado de Santiago de Compostela el pasado 12 de marzo de 2017, se reabre con fuerza el debate sobre la ordenación sacerdotal de las mujeres.

La Asociación Mulleres Cristiás Galegas Exeria quiere, con este escrito, exponer públicamente algunas reflexiones sobre la situación de las mujeres en la Iglesia, y en este caso concreto, sobre el acceso de las mujeres al Ministerio del Orden Sacerdotal. Además de apoyar el paso de nuestra compañera Christina Moreira, queremos manifestar nuestra solidaridad y agradecimiento para con ella y con las docenas de mujeres de todo el mundo que respondieron con fidelidad y valentía, con apertura obediente, a la llamada de su vocación sacerdotal.

Las mujeres que conformamos Mulleres Cristiás Galegas Exeria, llevamos más de 20 años celebrando nuestra fe como mujeres, como cristianas y como gallegas, y reflexionando comunitariamente desde esta nuestra identidad (recordamos, en este sentido, los documentos que hemos publicado: Nós, as mulleres na Igrexa y Violencia de Xénero, violencia contra as mulleres).

Desde nuestro ser queremos expresar lo siguiente:

1. En las declaraciones realizadas por Christina Moreira, ella se presenta a sí misma como sacerdote, ordenada desde hace dos años, respondiendo a su vocación, de la que tomó conciencia hace tiempo, en un momento crucial de su vida. Reconocemos a Christina Moreira como presbítera. Sabemos que ha recibido la ordenación diaconal y la ordenación sacerdotal y que preside los domingos la celebración de la Eucaristía en la comunidad Home Novo de un modo comunitario y participativo, enamorando e incluso entusiasmando a la comunidad con la Palabra de Dios. Además, acompaña a esta comunidad y a numerosas personas ajenas a ella en su camino de fe cristiana.

2. Sentimos un profundo dolor, acompañado de amargura y rabia, a causa de las formas y los contenidos del comunicado emitido por el Arzobispo de Santiago de Compostela en relación con el presbiterado de Christina Moreira, comunicado que refleja la postura oficial de la jerarquía católica (que no la opinión de teólogos y teólogas ni de muchas cristianas y cristianos de la Iglesia) en relación a este tema. Apoyadas en los estudios teológicos y en la Tradición más próxima a nuestro hermano mayor Jesús, el Cristo, queremos exponer que:

a) Como bien apunta el comunicado emitido por el Arzobispado de Santiago de Compostela, “La Iglesia es un Misterio de comunión por voluntad del Padre, realizado en la misión del Hijo y actualizado por la Acción del Espíritu Santo”. Tanto nuestro Dios Padre-Madre, como nuestro Maestro Jesucristo, como el Espíritu Santo que todo lo envuelve en su Amor grande, confirman la inclusión como un elemento esencial. Por lo tanto, la inclusión necesaria también de las mujeres, más de la mitad de la humanidad y la mayoría numérica de nuestra Iglesia. Es necesaria la actualización de la Iglesia en la sociedad contemporánea, igual que en su tiempo se actualizó en la sociedad patriarcal del siglo II en la que vivía Ignacio de Antioquía.

b) “En el Nuevo Testamento aparecen llamadas que llevan consigo la encomienda de una misión por parte de Jesús. Una de ellas es la llamada a los Doce, con la designación para una misión esencial, unas tareas y unas significaciones que aparecen diferenciadas del conjunto de los cristianos.”

El grupo de seguidores de Jesús estaba formado por hombres y mujeres. Jesús acogió siempre a las mujeres, las valoró y las quiso, en una sociedad judía en la que eran sujetos de segunda categoría. La Samaritana, Marta y María, o la Hemorroísa, entre otras muchas, confirman el acercamiento siempre cálido de Jesús a las mujeres, su reconocimiento fraterno. María Magdalena aparece nombrada como la “apóstola de apóstoles”, “la primera testigo y evangelista de la resurrección del Señor”.

Desde el mes de julio de este año el Papa Francisco elevó su festividad litúrgica al nivel de la de los apóstoles por ser la primera que reconoce a Jesús resucitado y lo va a proclamar al resto de discípulos (¡a los Doce!) que inicialmente dudan e incluso se niegan a creer en su palabra. San Pablo, que asienta su carácter de apóstol en haber visto al resucitado, distingue también a otra mujer, Xunia, como “insigne entre los apóstoles, que creyó en Cristo antes que yo” (Rom 16, 7).

c) “La presidencia de la celebración sacramental no es, pues, un ministerio que Cristo haya entregado a las mujeres.” El mismo Papa Juan Pablo II declara en la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis “que las mujeres no pueden ser sacerdotes porque el mismo Cristo, que instituyó el Sacramento, determinó que fueran varones quienes ejerzan este ministerio”.

En efecto, Cristo no entregó la presidencia de la celebración sacramental a las mujeres como tampoco se la entregó a los hombres. Cristo no estableció presidencias celebrativas tal y como las entendemos hoy y, por lo tanto, no determinó que fueran hombres quienes la ejercieran. El conjunto de los siete Sacramentos hoy reconocidos por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y con ellos el de la Ordenación Sacerdotal, son en gran medida fruto del caminar histórico eclesial, resultado de la búsqueda de muchas generaciones de creyentes iluminados por el Espíritu Santo (eso deseamos) en la construcción de una comunidad creyente que quiere ser fiel al Espíritu de Jesús… Se fueron construyendo históricamente con vocación de seguir evolucionando para mayor fidelidad al Espíritu.

d) La afirmación del Papa Juan Pablo II de que “la Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad de darle a las mujeres la ordenación sacerdotal, y esta sentencia debe ser considerada de modo definitivo por todos los fieles de la Iglesia” es una afirmación osada, porque ni siquiera el mismo Papa puede conocer de antemano los caminos misteriosos e imprevisibles del Espíritu, capaz de sorprendernos siempre por encima de nuestros criterios humanos, tantas veces cerrados y ciegos.

Esta afirmación no tiene en cuenta que en las primeras comunidades cristianas, a lo largo de casi tres siglos (¡tres siglos nada menos!), las mujeres ejercieron un papel clave en la proclamación de la Palabra del Señor, en el Partir el Pan y el Vino, en la atención a los pobres,… ¡Si el Papa Juan Pablo II “descartó toda posibilidad de debate dentro de la Iglesia sobre la posibilidad de aceptar el sacerdocio femenino”, decimos con claridad que se equivocó!

Como bien reconoce este comunicado arzobispal, citando al Papa Juan Pablo II, “Lo cual no significa que la mujer no sea una parte fundamental en una Iglesia, toda ella ministerial en virtud del sacramento del bautismo”. Las mujeres no somos solo una parte fundamental de la Iglesia. Sin nosotras, mujeres, sin nuestra inclusión, sin nuestro pleno reconocimiento en igualdad, la Iglesia no tiene futuro.

Lamentamos que, en pleno siglo XXI, los hombres que rigen actualmente la Iglesia nos sigan considerando sujetos de “segunda clase”, sin capacidad de colaborar en igualdad de condiciones en las decisiones y servicios de la Iglesia. Las razones que dicen justificar esta prohibición son pobres y muchas veces sin fundamentación teológica actualizada, por lo que no se sostienen ante la menor crítica.

Las mujeres, hoy, reivindicamos una sociedad de iguales donde mujeres y hombres tengamos los mismos derechos y oportunidades. La sociedad está dando pasos en este cambio. Hoy las mujeres participamos a todos los niveles en la representación social, la investigación científica y filosófica, y los trabajos de cualquier nivel de cualificación. ¿Cómo nos vamos a conformar cuando se nos dice que es simplemente por nuestra condición de mujeres -por simple razón de sexo- que no se nos permite acceder a la ordenación sacerdotal? ¡A eso en esta sociedad se le llama “sexismo”!

Necesitamos reabrir con urgencia el debate sobre la igualdad en la Iglesia, y dentro de este debate hablar también sobre la ordenación sacerdotal de las mujeres. Necesitamos ir dando pasos hacia una Iglesia en la que no exista discriminación, una Iglesia democrática, fraterna, en la que mujeres y hombres formen comunidades de iguales, comunidades vivas, comprometidas, en las que seamos capaces de trabajar en comunión, donde todas y todos tengamos palabra, donde cada cual contribuya con lo que realmente es. Una Iglesia abierta, cuidadora, cariñosa, osada, libre al estilo de Jesús. Una Iglesia de iguales en la que las mujeres ocupemos también los espacios de decisión, de responsabilidad y de representación eclesial que nos pertenecen por derecho y por Tradición.

¿Acaso Dios no quiere la igualdad?

Señor arzobispo: ¿cree usted de verdad que Dios quiere una Iglesia desigual?

Como bien expresó el apóstol Pablo, “no hay judío ni griego, ni siervo ni libre, no hay varón o mujer porque todos somos uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28).

Que así sea para Gloria de Dios Padre-Madre, Amén.

– Asociación Mulleres Cristiás Galegas Exeria
25 de marzo de 2017
En el 670 aniversario del nacimiento de Catalina de Siena,
matrona de Europa e doctora de la Iglesia

La gracia (o no) de ser mujer

Publicado en: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2017/03/22/religion-iglesia-opinion-manuel-regal-la-gracia-o-no-de-ser-mujer-christina-moreira-mujer-sacerdote-ordenacion-mujeres-ordinatio-sacerdotalis.shtml

(Manuel Regal).- Hace pocos días Christina Moreira hizo pública a través de los medios de comunicación su condición de mujer ordenada como cura y de su práctica pastoral como tal en la comunidad “Home Novo” de A Coruña.

La primera mujer gallega, la primera también española que da este paso, dentro de las 240 existentes en todo el mundo, entre las que se encuentra una docena de mujeres obispas, eso sí, sin ninguna estructura de poder. Lo hacía siendo conocedora de que con todo eso ella y la comunidad que la acompaña rompían con las normas eclesiásticas vigentes, pero desde el convencimiento de que respondía así a una vocación personal muy discernida, asentada en la condición de igualdad que hombre y mujer tienen por naturaleza como miembros de la familia cristiana a través del bautismo.

Ya hemos transmitido en estas mismas páginas nuestro opinión sobre la cuestión de la ordenación de las mujeres como cuidadoras de la comunidad. Cuando después del Vaticano II el Papa Paulo VI hubo de dar respuesta a la demanda eclesial de un debate sobre la cuestión, solicitó el parecer al respecto de un equipo de expertos en temas bíblicos; estos manifestaron unánimemente que desde un punto de vista exegético no había ningún impedimento para que las mujeres pudiesen ser ordenadas como cuidadoras de la comunidad.

Aún así, por indicación de este Papa, la Comisión para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Seper, en el año 1976, publicó la declaración Inter insigniores, en la que se cerraba esta posibilidad echando mano básicamente de dos argumentos: Cristo, designando a los Doce apóstoles creó el servicio sacerdotal sólo para hombres, y la actuación sacramental in persona Christi demanda que sea hombre quien lo pueda representar.

Pensamos, con muchísimas personas creyentes, con muchísimos teólogos también, que esos dos argumentos son muy discutibles; el primero, porque no existe la seguridad de que la designación de los Doce hubiese tenido para Jesús el alcance de crear un cuerpo sacerdotal tal como después fue apareciendo en la Iglesia; y el segundo, por lo mismo y además porque condicionar con el sexo la capacidad representativa de Cristo, hoy parece simplemente aberrante. Quién mejor representará a Cristo será la persona, hombre o mujer, que más viva en la actitud de servir hasta el extremo de dar la vida.

Pero esos fueron también los argumentos de los que echó mano el Papa Juan Pablo II para cerrar el debate en su breve carta Ordinatio sacerdotalis del año 1994. Y así no tiene reparos en afirmar en ella que es “una disposición que hay que atribuir a la sabiduría del Señor del Universo”(n. 3). Permítaseme la vulgaridad, pero es mucho decir de Dios poder afirmar tal cosa por muy Papa que uno sea, máximo cuando no existen evidencias que lo justifiquen y las consecuencias son tan graves para todo el conjunto eclesial y para la mujeres en concreto, en un momento histórico en el que el feminismo se presenta como un signo de los tiempos que demanda escucha fiel, discernimiento atento y prácticas cuidadosamente maduradas.

Sin dudar para nada de sus rectísimas intenciones, a muchísimas personas de la Iglesia esa declaración nos ha llegado como una manera de esquivar el debate de un tema ciertamente espinoso, pasándole al mismísimo Dios la patata caliente.

El arzobispado de Santiago, en su declaración esquemática y aséptica, no hace sino emplear estas mismas argumentaciones para declarar ilícita e inválida la ordenación como cura de Christina Moreira y, por lo tanto, también los sacramentos que ella y su comunidad realizan y viven.

Pero así están las cosas. El deseo del Papa Juan Pablo II de que el asunto quedase definitivamente cerrado no se ha cumplido, porque la sociedad está ahí apretando y porque una parte muy considerable de la Iglesia seguimos pensando que esa fue una puerta mal cerrada.

Corremos el riesgo de convertirnos en una institución anacrónica, quizás ya lo estamos siendo en buena medida, y no precisamente por apegarnos en cuerpo y alma al estilo de vida de Jesús, lo cual merecería la pena el aislamiento, sino por vincularnos artificialmente a unos modelos eclesiales que podrían cambiar precisamente buscando ser más fieles al espíritu de Cristo.

Algo que una vecina nuestra, mujer de aldea, sin conocimientos teológicos, pero con fina sensibilidad cristiana, resolvía a su manera con esta argumentación simple en un momento en que en pequeño grupo se hablaba de estas cosas: “A mí me da igual que el médico sea hombre o mujer, que el profesor de nuestros hijos sea hombre o mujer, que el veterinario sea hombre o mujer; yo lo que quiero es que sea buena persona y que cumpla bien su oficio”. Lo más sencillo es casi siempre lo más verdadero.

La respuesta en los medios digitales ante la actuación de Christina Moreira demuestra hasta qué punto la desconsideración hacia la mujer, el machismo, tiene carta de ciudadanía en determinados sectores de la Iglesia, como la tiene también por desgracia en la sociedad de la que formamos parte.

Suponemos que Christina Moreira hace pública su condición y práctica de cura porque lo ve como algo normal, porque entiende que puede ser un signo profético en bien de la Iglesia y de las mujeres, porque piensa que puede ayudar a que el debate se mantenga vivo a pesar de todo. Suponemos que estará dispuesta a poner las espaldas bajo los golpes que le van a caer encima, como le caen a quien a tales cosas se arriesga. Deseamos que pueda vivir todo esto sin afán ninguno de méritos y prestigios cristianamente anacrónicos. De nuestra parte reciba respeto, cierta admiración y agradecimiento y oración: que los golpes no la hundan, que los aplausos no la confundan. Y Dios dirá.

Christina, en el nombre de Cristo

Publicado en: http://elprogreso.galiciae.com/noticia/677531/chistina-en-el-nombre-de-cristo

Incluso un pontífice considerado ‘progresista’ en su visión social como el papa Francisco ha manifestado su oposición a introducir cambios en el asunto. “Sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia católica, la última palabra es clara y fue dicha por San Pablo II”, declaró en noviembre tras reunirse la jefa de la Iglesia luterana de Suecia. Ni la escasez de sacerdotes hace mella en una norma esculpida en piedra, parte infalible de la tradición católica y herencia misma de la palabra de Cristo, que solo se rodeó de hombres para formar su grupo de apóstoles.

No obstante, la coruñesa Christina Moreira se acoge a los principios de que el cristianismo es una fe que, por su misma naturaleza, es igualitaria y se planta contra lo establecido, rebelde frente a las jerarquías y privilegios del status quo. Quebrar el derecho canónico, por tanto, le parece un acto de justicia social y, especialmente, moral y espiritual. Algo semejante a lo que Manuel Espiña, fundador de la Comunidade Cristiana do Home Novo a la que pertenece, hizo introduciendo el gallego en misa.

La Biblia nada dice de la prohibición del sacerdocio para la mujer, argumenta la también estudiante de Teología. Los caminos a los que conducen las interpretaciones de la palabra divina son inescrutables; heréticos o legítimos según a quién se pregunte. “Solo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación”, retumba la legislación católica sobre este sacramento, que sí está accesible a las féminas en el luteranismo y el anglicanismo. “Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús”, replican otros citando la Epístola a los gálatas del apóstol Pablo. “La Iglesia no tiene de ninguna manera la facultad de darle a las mujeres la ordenación sacerdotal, y esta sentencia debe ser considerada de modo definitivo por todos los fieles”, proclamaba Juan Pablo II. Dios creó a varón y hembra a su imagen, se remite al Génesis la Asociación de Presbíteras Católicas Romanas (ARCWP), el “movimiento de renovación y de justicia” en el que se adscribe Moreira junto a más de un centenar de curas y el cual aspira a “sanar siglos de misoginia” reclamando que las mujeres “presidan ante el altar y en todas las funciones de liderazgo en la Iglesia”. Las siete primeras de ellas fueron ordenadas en 2002 en aguas del Danubio por un prelado objetor que les transmitió de su mano la sucesión de los apóstoles. Ocurrió, pues, fuera de la jurisdicción de los obispos a fin de liberarse de la autoridad que estos poseen sobre los presbíteros.

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RESISTENCIA ACTIVA. El sacrificio en nombre de sus creencias, otro fundamento del cristianismo, bien lo ha cumplido Moreira, quien en 2015 tuvo que desplazarse hasta Florida para ser ordenada presbítera por la ARCWP; la primera de toda España. Y, como Job, asume con perseverancia las pruebas de la adversidad, ya que el Vaticano ha excolmulgado a todas estas mujeres sacerdote.

“La ordenación de esa señora es ilícita e inválida, por lo que ni ella ni los fieles que la siguen celebran válidamente los sacramentos ni están en comunión con la Iglesia católica”, reacciona el arzobispado de Santiago de Compostela para desautorizar cualquier sacramento que oficie Moreira. “Lo que hace esa señora tiene el mismo valor en la Iglesia que si hiciera filloas”, atacan los fieles más inmovilistas.

Moreira tiene una camiseta rosa con alzacuellos que reza No te avergüences de lo que eres, muéstralo. La coruñesa se ampara en el efecto benéfico de sus actos, en su continuación del ministerio de Jesús, para pedir diálogo y apertura a Francisco. Hasta ahora, la denominada “teología femeninfemenina” del pontífice se reduce al anuncio de su intención de crear una comisión que estudie la posibilidad de que las mujeres puedan ser diáconas —un grado inferior al presbiterio y que puede realizar un servicio pero no administrar un sacramento—, amén de reivindicar que “la Virgen María era más importante” que apóstoles, obispos, diáconos y sacerdotes. Poder teórico, simbólico.

Mientras, con resistencia activa, Christina Moreira y la ARCWP esperan un progreso material, esta vez con el evangelio de Lucas en la mano. “Jesús llamó a las mujeres y a los hombres a ser discípulos”, está escrito en él.

 

Aprendiendo de las Sufragistas

Lucetta Scaraffia es caracterizada por El País Semanal como “una de las mujeres con más peso en el Vaticano”.

http://www.xlsemanal.com/personajes/20170123/lucetta-scaraffia-vaticano-mujer.html

Es la directora del suplemento femenino de L’Osservatore Romano. Al que pone como objetivo:

“Cada una con nuestros medios velamos por que las mujeres tengan un papel digno y real dentro de la Iglesia.”

Sin embargo, en una entrevista en la revista Vida Nueva, que ésta rescata en Facebook con ocasión del día de la mujer, Scaraffia afirma:

– Yo estoy en contra de la ordenación sacerdotal femenina. Me parece correcto que la Iglesia la rechace, pues está a favor de la igual dignidad, pero en papeles diferentes.

Lucetta Scaraffia me recordó aquella toma de posición de Victoria Kent en el parlamento español, cuando se discutía el voto femenino:

“Se discute en este momento el voto femenino y es significativo que una mujer como yo se levante en la tardee de hoy a decir a la Cámara, sencillamente, que creo que el voto femenino debe aplazarse. Lo dice una mujer que en el momento crítico de decirlo renuncia a un ideal. (…) No es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad para la República. Entiendo que la mujer, para encariñarse con un ideal, necesita algún tiempo de convivencia con el mismo ideal. La mujer no se lanza a las cuestiones que no ve claras y por esto entiendo que son necesarios algunos años de convivencia con la República, y cuando transcurra este tiempo y vea la mujer los frutos de la República en su educación y en la vida de sus hijos, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República. (…) Creo que hoy, señores diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer.”

Afortunadamente, estaba Clara Campoamor: “Comprendo la tortura de espíritu que debe sentir al verse en el trance de negar la capacidad de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.”

Extraído del libro: “La mujer olvidada”, Isaías Lafuente.