La Civiltà Cattolica: No se puede sólo recurrir al pasado

Publicado en: http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it/2017/02/07/novedades-desde-santa-marta-puertas-abiertas-a-las-mujeres-sacerdotes/?refresh_ce

Artículo original: http://www.laciviltacattolica.it/articolo/la-donna-e-il-diaconato/

“La Civiltà Cattolica” no es una revista cualquiera. Por estatuto, cada una de sus líneas es impresa con el control previo de la Santa Sede. Pero además está el estrechísimo vínculo confidencial que existe entre Jorge Mario Bergoglio y el director de la revista, el jesuita Antonio Spadaro.

Quien a su vez tiene su colaborador de más confianza en el vice-director Giancarlo Pani, también él jesuita, al igual que todos los escritores de la revista.

(…)

NO SE PUEDE SÓLO RECURRIR AL PASADO

por Giancarlo Pani S.I.

[…] En la solemnidad de Pentecostés de 1994 el papa Juan Pablo retomó, en la Carta Apostólica “Ordinatio sacerdotalis“, el punto de llegada de una serie de anteriores intervenciones magisteriales (entre ellas “Inter insigniores”), concluyendo que Jesús ha elegido solamente hombres para el ministerio sacerdotal. En consecuencia, «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres. Este dictamen debe ser considerado como definitiva por todos los fieles de la Iglesia».

El pronunciamiento era una palabra clara para todos los que consideraban que podían discutir el rechazo de la ordenación sacerdotal de las mujeres. Sin embargo, […] poco tiempo después, luego de los problemas suscitados no tanto por la doctrina cuanto por la fuerza con la que era presentada, se planteaba un interrogante a la Congregación para la Doctrina de la Fe: la “Ordinatio sacerdotalis” puede «ser considerada como perteneciente al depósito de la fe?». La respuesta fue «afirmativa», y la doctrina ha sido calificada como “infallibiliter proposita”, es decir, «se la debe mantener siempre, en todas partes y por todos los fieles».

Las dificultades de recepción de la respuesta creó «tensiones» en las relaciones entre Magisterio y Teología por los problemas vinculados. Éstos son relevantes a la teología fundamental respecto a la infalibilidad. Es la primera vez en la historia que la Congregación apela explícitamente a la Constitución “Lumen gentium”, n. 25, donde se proclama la infalibilidad de una doctrina porque es enseñada para que se la considere como definitiva por los obispos dispersos en el mundo, pero en comunión entre ellos y con el sucesor de Pedro.

Además, la cuestión roza la teología de los sacramentos, porque se refiere al sujeto del sacramento del Orden Sagrado, que tradicionalmente es justamente el hombre, pero no toma en cuenta los desarrollos que en el siglo XXI han tenido la presencia y el rol de la mujer en la familia y en la sociedad. Se trata de dignidad, de responsabilidad y de participación eclesial.

El hecho histórico de la exclusión de la mujer del sacerdocio por el “impedimentum sexus” es innegable. Pero ya en 1948, mucho antes de las disputas de los años sesenta, el padre Congar hacía presente que «la ausencia de un hecho no es criterio decisivo para concluir siempre prudentemente que la Iglesia no puede hacerlo y no lo hará jamás».

Además, agrega otro teólogo, «el “consensus fidelium” de muchos siglos cuestionado en el siglo XX, sobre todo a causa de los profundos cambios sociales-culturales que han afectado a las mujeres. No tendría sentido sostener que la Iglesia debe cambiar sólo porque han cambiado los tiempos, sino que sigue siendo verdad que una doctrina propuesta por la Iglesia reclama ser comprendida por la inteligencia creyente. La disputa sobre las mujeres podría ser puesta en paralelo con otros momentos de la historia de la Iglesia; en todo caso, en la cuestión del sacerdocio femenino son claras las “auctoritates”, es decir, las posiciones oficiales del Magisterio, pero muchos católicos se esfuerzan para comprender las “rationes” de opciones que, más que expresión de autoridad, parecen significar autoritarismo. Hoy hay malestar entre quienes no llegan a comprender cómo la exclusión de la mujer del ministerio de la Iglesia puede coexistir con la afirmación y la valoración de su igual dignidad». […]

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Once sacerdotes alemanes piden la ordenación de la mujer y el fin del celibato obligatorio

Publicado en: http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2017/01/12/religion-iglesia-mundo-sacerdotes-alemanes-piden-el-fin-de-la-soledad-del-celibato.shtml

Un grupo de destacados sacerdotes alemanes pidieron hoy, a través de una carta abierta en un periódico, el fin del celibato, con el argumento de que tal precepto les obliga a una “vejez en soledad”.

Al acercarse a la vejez “se sienten especialmente los efectos de la vida sin pareja y la soledad”, afirman los religiosos, en un escrito publicado hoy por el diario Kölner Stadt-Anzeiger, de la ciudad de Colonia (oeste).

La carta está firmada por once sacerdotes de la región de Renania, a la que pertenece la diócesis de dicha ciudad, que se lamentan de la obligatoriedad del celibato como precepto para los curas católicos.

Los firmantes hicieron sus votos como religiosos hace más de 50 años y tienen actualmente más de 70, explican.

En su carta abierta, piden asimismo la apertura del sacerdocio a la mujer y avances en el ecumenismo, así como la posibilidad de celebrar conjuntamente el sacramento de la comunión católicos y evangélicos.

Los firmantes afirman, asimismo, haberse decidido por la vida religiosa a principios de los 60, “bajo impulso del Concilio Vaticano II”, y lamentan que a continuación se haya apoderado de la Iglesia, tanto en Roma como en Obispado de Colonia, lo que denominan una “mentalidad de búnker”.

Las feministas creyentes también son feministas

Original por , and , en The Huffington Post.

Traducción en: https://eldemonioblancodelateteraverde.wordpress.com/2016/12/28/las-feministas-creyentes-tambien-son-feministas/

Parece ser que cada pocas semanas una celebridad declara con orgullo y a voz en grito que no es feminista: mujeres como Shailene Woodley, Katy Perry, Kelly Clarkson, Kendall Jenner lo han hecho recientemente.

Estas mujeres escudan su rechazo a proclamarse feministas en que no odian a los hombres, haciéndose eco de una de las más intratables, somnolientas y denigrantes caracterizaciones del feminismo, o insistiendo en que, personalmente, ellas no sufren opresión, haciendo caso omiso de que los papeles sólidos y cautivadores para mujeres llegan a su fin décadas antes que los de los hombres, o que hace poco, la actriz Maggie Gyllenhaal, de 37 años, fue rechazada para interpretar el papel de interés amoroso de un hombre de 55 por ser considerada “demasiado vieja”.

Incluso si aceptamos los argumentos de estas jóvenes estrellas que defienden que no sufren discriminaciones, las feministas nos preguntaríamos dónde queda su preocupación por otras mujeres menos privilegiadas. Una cuestión a la vez frustrante y justificada, por otra parte.

Por un lado, ¿a quién le importa lo que una estrella del espectáculo piense sobre el feminismo? Por otro lado, estas mujeres tienen un enorme poder de influencia sobre otras mujeres jóvenes. Al expresar displicentemente, «yo tengo derechos, así que ¿quién necesita el feminismo?» deshonran los sacrificios de las que lucharon antes que nosotras e ignoran el hecho de que los derechos de las mujeres aún  están en liza. Aún no están garantizados los derechos de las mujeres que luchan por eliminar la brecha salarial, por los permisos de maternidad y por el acceso a la sanidad reproductiva. Aún no están garantizados para las mujeres no blancas o las del espectro LGTB/GSD.

Y aún continúan debatiéndose los derechos de las mujeres creyentes.

El género sigue siendo un asunto muy importante en el seno de las tradiciones religiosas de corte patriarcal, y muchas mujeres continúan sin tener acceso a muchos roles sociales debido a su género. Sin embargo, mientras el feminismo mayoritario prácticamente le ruega a las jóvenes estrellas que por favor, se definan como feministas, las mujeres creyentes sufren burlas por proclamar su identidad feminista y combatir el sexismo desde el interior de sus tradiciones.

¿Cómo hemos llegado las mujeres creyentes a ser feministas de segunda?

Entendemos que puede parecer que existe una desconexión entre nuestra fe y nuestro feminismo, también reconocemos que nuestras tradiciones religiosas han sido sometidas a un filtro interpretativo de corte sexista, y sin duda comprendemos por qué muchas feministas abandonan su fe, pues nosotras también nos hemos visto tentadas a hacer lo mismo.

Sin embargo, aunque toda feminista judía, cristiana y musulmana abandonara sus tradiciones, aún quedarían mujeres que permanecerían, mujeres cuya decisión de seguir en su mismo entorno les reportaría consecuencias jurídico-religiosas. Seguirían estando sometidas a la Halajá, a las fatuas y al derecho canónico; seguirían sufriendo exclusión del acceso a puestos de responsabilidad y continuarían enfrentándose a opresión ejercida por parte de miembros de sus comunidades que consideraran válido el estatus menor de las mujeres en base a las enseñanzas de sacerdotes, rabinos e imanes iluminados.

Reconocemos y nos preocupamos por las consecuencias reales de nuestra fe en el mundo; sin embargo, también reivindicamos los mensajes fundacionales de nuestras creencias por lo que son y por las maneras en las que han sido malinterpretados. En otras palabras, nos negamos a que nuestra tradición religiosa se defina en base a interpretaciones sexistas.

Este rechazo se está expresando de varias maneras: académicas feministas y judías, cristianas y musulmanas estamos trabajando dentro del marco de traducciones existente de la Torá, la Biblia y el Corán, produciendo nuevas traducciones y, en ocasiones, cuestionando la autenticidad y divinidad de pasajes irremediablemente sexistas.

Al mismo tiempo, otras activistas están llevando a cabo rezos, cultos y liturgias subversivas para dejar en evidencia el arraigadísimo sexismo de las instituciones religiosas. Anat Hoffman fue detenida y cacheada por una acción en la cual buscaba el reconocimiento delas mujeres judías que deseen rezar en alto junto a sus correligionarios hombres en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén. Kate Kelly recibió la excomunión tras fundar el movimiento «Mujeres que decretan» (Ordain Women), para defender el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad en el seno de la Iglesia Mormona. Amina Wadud sufrió condenas internacionales y amenazas de agresión por ser la primera mujer en dirigir un rezo musulmán mixto en Estados Unidos.

Todas estas mujeres se han aplicado y se han mantenido firmes ante la posibilidad de abandonar sus creencias ante interpretaciones sexistas. Valentía es esto. Feminismo es esto.

Y, pese a todo, mientras el feminismo mayoritario se arrastra ante las jóvenes estrellas para solicitarles un servicio a la lucha, las mujeres creyentes aplicadas en un trabajo valiente y arduo tienen que aguantar continuamente la comidilla de que «no son feministas de verdad».

Sabemos que mucha gente piensa que el único acto genuinamente feminista que puedes llevar a cabo con respecto a las religiones es abandonar sus tradiciones típicamente patriarcales. Nosotras defendemos que también puede serlo permanecer, y esperamos con ansia el día en que hacerlo no ponga en cuestión ni nuestra fe ni nuestro feminismo.

Anécdota desafortunada del Papa sobre las “mujeres sacerdotes”

Noticia publicada: https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-a-sacerdotes-sean-cercanos-a-los-fieles-y-huyan-de-la-vanidad-27438/

Anécdota desafortunada y tristemente reveladora de qué concepción tiene de las mujeres el Papa Francisco:

“VATICANO, 09 Dic. 16 / 08:10 am (ACI).- El Papa Francisco dedicó la homilía en la Misa de la Casa Santa Marta a hablar sobre los sacerdotes y de los cristianos que nunca están satisfechos con lo que Dios les da.(…)

“Sobre rigidez y mundanidad, sucedió hace tiempo que vino a mí un anciano monseñor de la curia, que trabaja, un hombre normal, un buen hombre, enamorado de Jesús y me ha contado que fue al Euroclero (una tienda en Roma en la que se compran artículos religiosos) a comprase un par de camisas y ha visto delante del espejo a un joven –él pensaba que no tendría más de 25 años, un sacerdote joven o que estaba a punto de ser ordenado– delante del espejo, con un manto grande, largo, de terciopelo, una cadena de plata y se miraba. Y después tomó el ‘saturno’ (sombrero que usan algunos sacerdotes), se lo ha puesto y se miraba. Un rígido mundano. Y ese sacerdote –el monseñor este es muy sabio y consiguió superar el dolor con una broma de sano humor– dijo: ‘¡Y después se dice que la Iglesia no permite el sacerdocio a las mujeres!’ Así que lo que le ocurre al sacerdote cuando se convierte en un funcionario termina en lo ridículo, siempre”.

Ahí queda.

64% de los diáconos permanentes a favor de las diaconisas

Publicado en: http://www.vidanueva.es/2016/12/09/los-diaconos-esperan-a-las-diaconisas-encuentro-nacional/

RUBÉN CRUZ | El diaconado sigue siendo una novedad en la Iglesia. 38 años han pasado desde la primera ordenación en España. Y hoy son 411. El diaconado está más de actualidad que nunca por la posibilidad de que la mujer pueda ser ordenada. En agosto, el Vaticano informó de la creación de una mesa de estudio, que se reunió por vez primera el pasado 25 de noviembre. En el XXXI Encuentro Nacional del Diaconado Permanente, que se celebró en Madrid del 3 al 6 de diciembre, Vida Nueva ha preguntado a los diáconos sobre ellas. El 64% está de acuerdo con el acceso de la mujer.

Bajo el lema El diácono, servidor en una Iglesia en comunión, compartieron sus experiencias y desafíos con una premisa clara: “Si no hay comunión, no hay servicio pleno”. Así lo manifestaron ante los obispos asistentes –el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro; el obispo de Alicante, Jesús Murgui, y el obispo de Tenerife y presidente del Comité Nacional del Diaconado Permanente, Bernardo Álvarez–. Unas palabras alabadas por Murgui: “Es muy sabio que lo hayáis expresado con la palabra comunión, porque esa herida afecta al fondo”.

“Un problema de clericalismo”

Con el objeto de conocer más a estos “servidores”, esta revista reúne a un veterano, Aurelio Ortín (73 años), y a un novato, Alejandro Abrante (40 años). Hay debate, pero pocas diferencias. Aunque a ambos les separan tres décadas, comparten la misma visión sobre su ser y hacer en la Iglesia. Incluso sobre las diaconisas. “En la Iglesia antigua está documentada la existencia de diaconisas, pero como sacramento ha estado siempre confiado a varones”, comenta Ortín. “La mujer sirve mucho mejor en la Iglesia que los hombres –añade–, pero desde el punto de vista sacramental, la historia es la que es. No obstante, no lo veo mal”.

Por su parte, Abrante señala que “en la Iglesia tenemos un problema de clericalismo. Hay que romper con esto, porque el laico, hombre o mujer, tiene un papel importantísimo. Así, “no tengo ningún problema en que la mujer sea diácono, siempre que no se las vea como miembros inferiores, donde el hombre es superior porque puede escalar, pero la mujer se queda ahí”.

Artículo completo en Revista Vida Nueva.

Suecia: donde el “Papa” es una mujer

suecia

Publicado por Roman Catholic Women Priests.

Arzobispo Antje Jackelén, Primado de Suecia, Iglesia Luterana.

“Me gustaría ver mujeres sacerdotes en la Iglesia Católica y sé que hay muchas mujeres católicas muy bien formadas y que serían sacerdotes excelentes”.

Para quien piense que este encuentro ha “servido” para algo, que sepa que en el avión de vuelta el Papa ha respondido a una periodista que NUNCA habrá mujeres sacerdotes en la Iglesia Católica.

A veces a uno le gustaría tener una cámara para ver qué se mueve por dentro en este encuentro. Por parte de la mujer… que si fuera católica NUNCA podría ser lo que es, y que estrecha la mano a quien hará todo lo posible por impedirlo… Por parte del Papa, para quien es inasumible que una mujer desempeñe esa función en la Iglesia…

 

Ministerio femenino

Publicado en: http://blog.cristianismeijusticia.net/?p=15664&lang=es

Las mujeres, no solo las feministas, se preguntan por qué en la Iglesia católica las mujeres no forman parte de la jerarquía (diaconado, presbiterado, episcopado), cuando en la Iglesia Luterana y en la Iglesia Anglicana hay pastoras ordenadas y obispas.

El argumento que se suele dar en contra del ministerio femenino es que Jesús eligió 12 apóstoles varones. En este sentido tanto Pablo VI como Juan Pablo II cerraron la puerta al ministerio femenino en la Iglesia católica.

Pero estas decisiones papales no son infalibles y los argumentos que aducen son más sociológicos y anatómicos que teológicos. El patriarcalismo dominante en Israel impedía que Jesús hubiera nombrado a mujeres entre los 12 apóstoles que representaban a las 12 tribus de Israel. Por otra parte Jesús no quiso establecer una nueva sociedad religiosa sino inspirar un camino evangélico que con el tiempo se tenía que estructurar a la luz del Espíritu. Además, Jesús, en contra de la costumbre de su tiempo, habla con mujeres, las sana y perdona y las admite en su grupo de discípulos. Jesús resucitado se aparece a las mujeres antes que a los apóstoles y María Magdalena es considerada la apóstol de los apóstoles. En Pentecostés el Espíritu desciende sobre hombres y mujeres.

En las comunidades fundadas por Pablo aparecen mujeres en cargos importantes de gobierno: Febe, Junia, Prisca, María, Trifena, Trifonia, Pérside, etc. Teológicamente hablando tanto el varón como la mujer son imagen de Dios.

Lo que sucedió es que las estructuras patriarcales greco-romanas, los prejuicios acerca de  la inferioridad de las mujeres, el ansia de poder patriarcal… excluyeron a las mujeres de los ministerios. Las razones de tal exclusión son sociológicas, no teológicas y nacen de una lectura literalista y fundamentalista de la Escritura y del ansia de poder.

El 12 de mayo último, en una reunión del Papa Francisco con la Unión  de Superioras Generales, una de ellas preguntó qué impide que la Iglesia ordene diaconisas como sucedió en la Iglesia primitiva, puesto que las mujeres trabajan en la Iglesia, enseñan, acompañan a enfermos y pobres, presiden la liturgia en ausencia del sacerdote… El Papa ante este cuestionamiento ha nombrado  una comisión de expertos y expertas para estudiar el diaconado femenino y su presencia en la Iglesia primitiva.

Se abre pues una puerta al ministerio femenino, una puerta que hasta ahora parecía definitivamente cerrada. Confiamos que esta apertura pueda conducir a los demás ministerios femeninos en la Iglesia. Esto nos daría una imagen de Iglesia jerárquica menos hierática y poderosa, más humana y tierna, más alegre y sencilla, más cercana al pueblo y a los pobres.